Los agentes no pudieron evitar la fotografía del president de la Generalitat votando en un referéndum declarado ilegal.

Puigdemont cambió de coche en un túnel para despistar a la policía

La Guardia Civil y la Policía Nacional tenían orden de la jueza de evitar el referéndum del 1 de octubre . Los responsables de ambos cuerpos aseguran que se enfocaron en las urnas y las papeletas, pero la represión ejercida por los agentes dejó una lamentable estampa ante los pacíficos votantes. Unas imagenes que querían evitar a toda costa eran las de los líderes políticos depositando sus papeletas, pero es algo que les ha sido imposible de evitar, al menos en el caso del president Carles Puigdemont.

 

Poco antes de que se abrieran los colegios electorales, el Govern decidió que se utilizara en las mesas un censo universal para que nadie se quedara sin poder votar. Contaban con que los cuerpos de seguridad nacionales cerrarían algunos centros y para minimizar el impacto de estos cierres, decidieron que cualquiera pudiese votar donde quisiera.

 

Carles Puigdemont tenía que votar en el pabellón municipal de Sant Julià de Ramis (Girona). La Guardia Civil se personó a primera hora allí para impedir el acceso de los votantes. Establecieron un cordón de seguridad a base de empujones para cerrar la actividad en una de los puntos donde más atención mediática había desplazada por ser el colegio electoral del president.

 

El periodista Miquel Sabe, cuenta que la presión policial sobre Puigdemont fue tal que un helicóptero se dedicó a perseguirlo para averiguar dónde iba a votar. Si no podían frenar a los millones de catalanes llamados a las urnas al menos querían evitar que lo hiciera su máximo representante y de paso evitar una imagen de el votando.

 

Ante esta persecución, Puigdemont y su equipo de seguridad decidieron despistar a los agentes. Para ello optaron por darles el cambiazo. Parece propio de una película pero fue un plan ideado por los escoltas. Según Miquel Sabe, el coche oficial que trasladaba al president se adentró en un túnel y allí se subió en otro vehículo. Después los dos retomaron la marcha y el helicóptero de la policía mordió el anzuelo y siguió al coche equivocado, así al final Puigdemont pudo depositar su papeleta con el sí tranquilamente en el colegio electoral de Cornellà de Terri.

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