Joaquín T. P. es muy deportista, le gusta el ciclismo y se mantiene en forma. Trabaja en el negocio familiar, la bocatería Mis chiquitines, donde suele colaborar haciendo repartos en un ciclomotor. Hace unas semanas, cuando estaba llevando un pedido, le paró el policía local Francisco C. M. (de 53 años), conocido en el pueblo como Paco el municipal. "El chico no debía tener seguro ni documentación y llevaba las luces mal, con lo que el agente lo hinchó a multas", describe un vecino de Valdepeñas de Jaén, la localidad donde viven los mencionados protagonistas.

 

Al día siguiente, Joaquín fue al ayuntamiento para tratar de que le quitaran la multa, pero no lo consiguió. La sanción seguía vigente y era una cantidad respetable en un lugar donde, según algunos vecinos, es frecuente ver ciclomotores sin papeles. Tras intentar en vano que el consistorio le suavizara el castigo, Joaquín decidió tomarse la justicia por su mano y se fue a la vega (un terreno con huerto) que tiene Paco el municipal en el campo, le agarró y le pegó una paliza. Así al menos lo describe el propio policía en la denuncia que interpuso ante la Guardia Civil.

Los agentes del instituto armado abrieron entonces unas diligencias de investigación para esclarecer lo que había pasado, trasladaron la denuncia al juzgado y tomaron declaración en calidad de imputado a Joaquín, que dio una versión totalmente opuesta a la que había ofrecido el denunciante. El supuesto agresor aseguró que fue Francisco quien le golpeó a él, a pesar de que el funcionario incluso se había dado de baja por varios traumatismos. Ante tales visiones contradictorias, el juzgado fijó fecha para la vista oral, que fue señalada para el próximo 7 de julio.

 

Sin embargo, parece que Paco el municipal no quiso esperar al juicio. El pasado domingo, a medio día, durante las fiestas del pueblo y con la plaza de la Constitución repleta de gente, el policía se agenció dos pistolas y se fue en directo hacia la bocatería. Allí estaba en ese momento el padre del supuesto agresor, Joaquín T. S. (51 años), a cargo del negocio. Paco disparó contra el suelo y la bala se incrustó en el hombro de un cliente. Luego preguntó al dueño por su hijo, pero éste no se encontraba en la localidad. El propietario le respondió que se había ido a la playa y, sin mediar más palabras, el visitante apuntó con su pistola a la cabeza de Joaquín padre y apretó el gatillo tres veces ante la atenta mirada de los presentes en el local.

Uno de esos testigos, un guardia civil fuera de servicio, se abalanzó sobre Paco tras los disparos, le quitó el arma y le redujo, pero el presunto asesino tuvo tiempo para sacarse la segunda pistola y volver a apretar el gatillo, aunque esta vez contra sí mismo. Ayer se celebraron los funerales por los dos muertos. El del municipal, en Jaén. El del asesinado, en Valdepeñas. Ambos dejan mujer e hijos.

Crimen en la bocatería de Valdepeñas: una multa, una paliza y la ira asesina del policía
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